It’s cítric time! – Chronicle

Hace unos días llegué a una conclusión bastante obvia aunque difícil de evitar para muchos de nosotros: las operas primas son un problema. Me refiero a que cuando vamos a ver una película de un director novel que ha hecho cortos interesantes y que por fin tiene la oportunidad de estrenarse con un largometraje, esperamos que sea la leche, y la mayoría de las veces no lo es, y si resulta así, inmediatamente después se acaba desinflando con su segunda parte. Esperar grandes operas primas no está bien, lo mejor que se puede esperar de ellas es una interesante carta de presentación de un director que debe ir evolucionando favorablemente con el paso de los años, por eso valoro positivamente las buenas intenciones de aquellos directores que intentan aportar algo nuevo, como es el caso que aquí se nos presenta de Josh Trank, un tipo que pretende mezclar el género superheroico con el found-footage.

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