Charlie Swan: el bote salvavidas de un barco llamado Crepúsculo

Hace dos noches, tuve el dudoso placer de ver Amanecer, parte I; la penúltima entrega de la popular saga de vampiros fluorescentes que reúne a millones de fans (jóvenes y no tan jóvenes) en las salas de cine para gritar al unísono cada vez que algún personaje masculino se quita la camiseta. He de admitir que, aunque esta sea una saga que odie profundamente, por la cantidad de metraje que no aporta nada y sus abundantes momentos de vergüenza ajena, sí que me genera cierta curiosidad (que no interés), igual que puede ocasionarla cualquier parte de la saga Transformers. Son de esas películas que odio con mucha fuerza pero que las acabo viendo por varias razones: la primera de ellas es para aplicar eso de “no hables de aquello que no conoces”, porque así puedo atacar a estos productos con un mínimo de fundamento, que eso siempre jode; y segundo porque ver una peli que consideras mala a rabiar, acaba generando cierta diversión en tí, algunas de forma más entrañable (The Spirit) y otras de forma más cruel, porque a algunos nos gusta faltar al respeto el trabajo de los demás. Sigue leyendo

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