‘Assassins’s Creed III’, jugar por inercia

Aunque ha pasado un tiempo desde la salida de la nueva entrega de la franquicia de Ubisoft y desde que completé la historia, he tardado en escribir sobre él porque he estado dándole vueltas a por qué es un rollo de juego.

Lo que tengo realmente claro es que el ACIII está falto de un elemento que era determinante para disfrutarlo, te recordaba a las clases de historia, sólo que en plan entretenido. Yo fui uno de esos tipos que se lo pasó como un enano con el Assassin’s Creed II, viajando a Venecia y reconociendo a los Borgia o a Leonardo Da Vinci. Todo te resultaba familiar en la segunda parte del juego, y aunque la historia te gustara más o menos (a mí me parece la mejor de la saga por ahora), el ir reconociendo personajes y lugares te impulsaba a continuar. Con esta tercera parte sólo ocurre en muy contadas ocasiones (¿quién leches es Samuel Adams?). Además de que la historia tarda en arrancar demasiadas horas solamente para meternos un giro narrativo (que está bien, pero podrían haberlo puesto antes o con una historia más potente).

Afortunadamente, cuando empieza el viaje iniciático de Connor Kenway la cosa mejora bastante, viviendo la infancia de Connor en su tribu (que también sirve a modo de tutorial) y entendiendo por qué decide convertirse en Asesino. Pero ya está, eso es lo mejor del juego, lo demás es un rollo. Sin tener en cuenta tampoco que las misiones secundarias no son gran cosa, especialmente aquella en la que hay que observar a los que trabajan en nuestra hacienda, La enciclopedia del hombre corriente, ya que casi nunca pillaremos a nadie haciendo una puta mierda, casi todos están paseando o fumando. Es una hacienda de vagos. Panda de desagradecidos.

Muchos se quejaban también de la pérdida de verticalidad en las ciudades del juego, ya que la mayoría de edificios de Boston y Nueva York apenas superan las dos plantas. Lo cierto es que reemplazar esas edificaciones con espesas zonas de bosque y decenas de ramas por las que columpiarse no es una mala opción, pero sería una idea cojonuda si hubiera una cantidad decente de árboles por metro cuadrado para que apenas tuviésemos que tocar el suelo. Porque pasarse más de la mitad de un sandbox corriendo es un rollazo. Ir a caballo está bien pero esto no es Red Dead Redemption, aunque con el tema de cazar animalitos por el bosque lo llega a parecer. Pero lo cierto es que en ese apartado también falla. Tenderles trampas a los ciervos y zorros y atraerlos con comida es interesante, pero tener que derrotar a una manada de lobos con los mismos Quick Time Events SIEMPRE, hace que la cosa pierda mucho la gracia.

Después de terminar este juego me prometí a mí mismo que abandonaría la saga por un tiempo, aunque una de las cosas que siempre me daba más pereza de estos juegos era la historia de Desmond, porque es un rollo de tío y no le importa a nadie. Pero afortunadamente esa etapa a terminado y hay como cierta incertidumbre sobre qué pasará después, quién será el nuevo protagonista en la historia aburrida de los próximos Assassin’s Creed, porque con las tramas divertidas (me refiero a las del Animus) nunca ha habido ningún problema. Además se ha confirmado una cuarta parte para el próximo año, Assassin’s Creed: Black Flag, protagonizada por Edward Kenway, hijo/sobrino/nieto/primo/hermana de Connor Kenway, que en este caso se ha pasado a la piratería (la de barcos). La putada es que pinta bien.

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