Los FPS no están tan mal

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No suelo utilizar este blog para hablar de videojuegos, porque si ya me cuesta hablar de comics y todas las pelis y series que veo (no por falta de tiempo sino por pereza), acabo dejando los videojuegos en último lugar en este sitio. Pero el caso es que, después de un par de meses algo irregulares con respecto a mi experiencia de juego, me he topado con una serie de videojuegos que me han calado bastante y que han valido mucho la pena. Se ha dado el caso de que, casualmente, a excepción de The Walking Dead (del que espero hablar pronto), son todos FPS, usease, en primera persona.

El principal problema de los FPS es que abundan en exceso en estos últimos años, véase los Call of Duty anuales, Battlefield, Halo, etc. Después de haber exprimido el modo online del Battlefield: Bad Company 2, los juegos en primera persona cansan, pero mucho. Yo soy un tipo al que, aunque puede disfrutar mucho jugando online (salvo los MMO), me gusta apretarle bien a la campaña individual y disfrutar con una historia que al menos resulte interesante, y a ser posible que enganche casi desde el inicio, porque los juegos de acción de esta clase no suelen pasar de las 8 horas. Un claro ejemplo de un videojuego que no funciona para nada en ese sentido es Crysis 2. Goza de un apartado técnico sobresaliente, pero ni la historia se presenta de forma atractiva ni la jugabilidad aporta todo lo que podría.

…Pues vale.

A la larga me lo he acabado pasando mucho mejor con FPS’s que han tenido poco éxito comercial pero que al menos intentan aportar algo, como es el caso de The Darkness II, secuela de uno de los primeros juegos next-gen basado en el comic del mismo nombre. The Darkness II es un juego que destaca principalmente por su llamativa estética a lo cel-shading y su explicidad a la hora de mostrar la violencia, cosa que no desentona con la seriedad de la trama. The Darkness II apuesta por una jugabilidad donde se nos otorgan puntos según cómo acabemos con los enemigos para poder gastarlos en mejorar nuestros poderes, por lo que no sólo vamos cambiando de armas sino que se pueden combinar con los tentáculos demoníacos que tiene el protagonista, que sirven como escudo o arma mortal, aparte de otros poderes que nos facilitarán la aventura. Todo esto viene acompañado de una plantilla de personajes secundarios muy bien caracterizados y que gozan de cierto carisma, como los compañeros mafiosos de Jackie Estacado y sobretodo Johnny Powell, erudito de la oscuridad que está como una puta cabra. La trama también aporta cierta chicha al resultado final del juego, ya que más allá de que una orden secreta intente apoderarse de los poderes de Jackie, La Oscuridad no parará de jugar con nosotros planteándosenos la posibilidad de que nada de lo que haya pasado sea real, con secuencias en un manicomio que recordarán a Alguien voló sobre el nido del cuco.

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Otro juego ambicioso pero que no tuvo tanta suerte en el mercado fue Bulletstorm, liderado por el responsable de la saga Gears of War, Cliff BLeszinski. Y lo cierto es que este juego resulta especialmente recomendable para los que disfrutaron los GOW, ya que a nivel estético y jugable guarda muchas similitudes. Pero lo que hace especial a Bulletstorm, es su jugabilidad más arcade. Cogiendo un poco el rollo anteriormente mencionado de The Darkness II, se nos premiará por acabar con oleadas de enemigos con la mayor variedad posible de muertes, tanto por nuestras propias balas como por circunstancias externas como turbinas o cactus. Lo importante de Bulletstorm es fijarse en el entorno en el que estamos combatiendo, porque la verdad es que podremos acabar con los enemigos en menos tiempo y gastando menos cargadores. Bulletstorm también goza de un protagonista y secundarios a tener en cuenta, en especial nuestro prota, Grayson, quien no para de vacilar a sus compañeros y contar chistes. Si a eso le sumamos que cuenta con una duración de aproximadamente 10 horas, nos encontramos ante un FPS divertido, de duración bien ajustada y rejugable.

Bulletstorm

La frase que más decía mientras jugaba era: ¡A TOMAR POR CULO!

El último de todos, pero no menos importante, es el Dishonored, aunque esta es una de las pocas veces en las que un juego cuyas aspiraciones comerciales no eran muy amplias, han acabado siendo superadas con creces, aunque este juego no es realmente un FPS como tal. Con una estética steampunk que puede recordar fácilmente a Bioshock y una mecánica de juego similar al estupendo Deus Ex: Human Revolution con un Assassin’s Creed bien hecho, en Dishonored encarnaremos a Corvo, un guardaespaldas parco en palabras que será testigo del asesinato de la emperatriz y que deberá restaurar el orden en una ciudad azotada por la peste. Dishonored ofrece un amplio abanico de posibilidades a la hora de superar las misiones, las cuales consistirán siempre en acabar con un objetivo concreto, nunca habrá una única ruta para acceder al lugar de destino, y siempre podremos hacerlo sigilosamente o a lo bruto, con o sin bajas. El juego nos permite adaptarnos a los cambios o problemas que vayan surgiendo, aunque ir por el camino del discreto asesino que solo acaba con su objetivo asignado siempre será más difícil que destruir todo lo que se nos cruce por delante.

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Asesinato en 3… 2…

Está claro que el camino del FPS es amplio y en línea recta, pero está plagado de senderos más largos pero accesibles, y es gracias a esos juegos concretos que el género sigue evolucionando, quizás con más lentitud de lo que uno desearía, pero es que sino no tendríamos tiempo de jugarlos a todos.

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